miércoles, 22 de diciembre de 2010

Pesadillas? o una realidad alterna..? [octava parte]

Al llegar a mi casa, enseguida pude sentir la mirada fría y desafiante de mi padre, no me habló, simplemente me observó hasta que pasé a mi habitación, cerré la puerta pero enseguida se volvió a abrir, era él.
-Donde estábas? – Preguntó en un tono tan regañador que me causó escalofríos.
-En casa de una amiga – contesté mientras buscaba ropa limpia.
-Te costaba mucho llamar para avisar?
-Lo mismo que te costaba a ti llamar para preguntar – contesté aún sin alterarme.
-Bien, estás castigada, no vuelves a salir.
-No puedes negarme la libertad, ese derecho no es tuyo – lo miré con odio.
-Lo es! Soy tu padre! tengo derechos sobre ti! – gritó
-Padre llamas a quien no se preocupa de su hija durante años?, de que malditos derechos me vienes a hablar ahora, ambos sabemos que no te gusta tenerme aquí, y que no estaría aquí si no fuese por mi madre que se empeña en unir algo que no existe! – tomé la poca ropa que había podido juntar y salí de la habitacion dejandolo solo, mis hermanos me observaron preocupados, decidí salir de ahí lo antes posible. Volví a la misma vacía calle por la cual acababa de caminar, guardé como pude la ropa dentro de mi bolso y corri nuevamente por el mismo lugar por el que había llegado, mis ojos se humedecieron y una lágrima se deshizo en el viento, corrí hasta quedar casi sin aliento, corrí hacia ella, hacia sus brazos, la necesitaba, inexplicablemente la necesitaba.
Toqué la puerta, casi con desesperacion, sentí sus pasos lentos acercarse, mis ansias por verla y sentirme protegida nuevamente se hacían insoportables, abrío la puerta, sonrió, pero aquella sonrisa se borro en cuanto vio mi rostro humedecido por las lágrimas.
-¿Què sucedió? – Preguntó en tono lastímero y me atrajo a su cuerpo en un abrazo que no pude rechazar.
-El, el y sus malditas palabras otra vez – solté con tristeza y más lágrimas rodaron por mis mejillas. Ella cerró la puerta mientras me mantenía abrazada y pegada a su cuerpo, acarició mi cabello y besó mi frente, yo descancé tranquilamente en su pecho, sintiendo la liviandad del cariño y la inmensa seguridad que ella me ofrecía.
-Vamos adentro – dijo y tomó mi mano guiándome hacia su habitación.
-No se que se cree, no se como tiene cara para hacerse llamar padre, dime, por favor… por que yo de verdad no entiendo… - dije con tristeza sentada en la cama mientras ella acomodaba mi bolso en el armario.
-Por que te preocupas tanto por el, no deberia importante, tu a el no le importas… simplemente… entra en su juego – dijo en ese tono tranquilo que la identificaba, se sentó a mi lado en la cama y peinó mi cabello con una de sus manos.
-Tienes razon, me siento tan estupida al preocuparme por esto, lo bueno es que ahora estoy aquí contigo, no te molesta verdad?
-Claro que no, sabes que más bien es un agrado que estés aquí, solo te pediré que tengas paciencia con mi madre, ya sabes como es ella… por si te dice algo o quien sabe…
-No hay problema – sonreí, guardamos silencio hasta que ella volvió a hablar.
-Dios! A quien engaño, ya no soporto más - dijo de forma apresurada, tomó mi cara y aproximó sus labios a los míos, mi cuerpo pareció congelarse en ese momento, sus calidos labios se movian sobre los míos que no lograban reaccionar. Se alejó con una mirada angustiosa, observó mi cara inexpresiva y luego habló – Lo siento, lo siento, soy una tonta, disculpame
-N…no te preocupes – sonreí para darle tranquilidad.
-Lo lamento de verdad, no pude soportar más, no puedo tenerte cerca y no hacer eso, yo… no se que… no se que me…
-Hey, calma, no pasó nada… tranquila – dije acariciando su espalda.
-Ok

lunes, 29 de noviembre de 2010

Pesadillas? o una realidad alterna..? [séptima parte]


-¿Ahora si quieres ir a desayunar? - Preguntó deshaciendo la comodidad.
-Está bien – contesté mientras refregaba insistentemente mis ojos, salí de la cama pasando por sobre ella, volví a calzarme los mismos jeans maltratados y sucios de hace una semana y me apresuré a ganar el baño.
-¿Te irás hoy? – Preguntó parada en el umbral de la puerta mientras yo cepillaba mis dientes frente al espejo. Asentí con la cabeza y acabé lo más rápido posible para poder hablar.
-Iré nada más hacer acto de presencia, lo más probable es que vuelva, ya sabes que no me gusta estar ahí, de todas formas te aviso… si?
-Ok – dijo dejando notar su disgusto por mi partida y siguió rumbo hacia la cocina, caminé detrás y me senté frente a ella en la pequeña mesita que adornaba el lugar, su mirada se perdía en el color oscuro de su taza de café mientras con una de sus manos sujetaba su cabeza. – ¿Café? – ofreció y yo asentí, una humeante taza de café estaba ahora frente a mis ojos, di las gracias y continué observándola en silencio. El ambiente se hacía molesto, no había nada más que el ruido constante de nuestras gargantas al beber café y nuestras miradas imposibles de interpretar.
-¿Te pasa algo? – Inquirí sin despegar mi vista de su presencia, mientras sostenía mi tazón de café caliente con ambas manos.
-No, y ¿a ti? – Preguntó fijando su mirada en mi.
-No, nada tampoco – respondí y bajé la vista luego de que mis ojos se hayan encontrado con los suyos por un par de segundos.
-Yo… eh…
-Estás… Lo siento, habla tu – dije luego de que nuestras frases colisionaran al mismo tiempo en un enredo de palabras.
-Ok… yo me preguntaba si… lo que te dije hace rato acarreará problemas para nuestra amistad… - dijo con esa mirada atenta que me encantaba sentir.
-Claro que no, ¿Por qué lo haría? – Pregunté.
-No lo se, de pronto caí en cuenta de que fue una declaración muy comprometedora, y no se… creí que podría traer problemas para nuestra amistad… o que algo podría cambiar a causa de eso, y siento miedo de que eso ocurra… ¿entiendes?
-Ya veo, por eso estás así… Pero no te preocupes, no hay problema con eso, no por mi lado al menos.
-Bien, eso me deja más tranquila – dijo y se puso de pie al sonido del tostador. La observé pacientemente mientras untaba dos tostadas de las cuales una era para mi.
-Gracias – dije al recibir la apetecible tostada.
-¿En que estábamos? – Preguntó volviendo a tomar lugar frente a mi.
-Hablábamos de tu declaración matutina – reí.
-Oh, si - sonrió – El tema es que… me gustas… y no se si eso es realmente bueno…
-¿Por qué lo dices? – Pregunté de forma ingenua.
-Nunca he desistido de tener algo que quiero, cuando tengo algo, o alguien en la mente, lucho hasta conseguirlo, pero sin embargo, esta vez estoy poniendo nuestra amistad por sobre todo – dijo y continuó saboreando su desayuno, mientras mi estómago e llenaba de sensaciones extrañas y un calor avasallador quemaba mis mejillas. –¿Qué sucede? – Preguntó notando mi incomodidad.
-Nada – respondí, tratando de portarme con naturalidad, luego de eso todo se tornó silencio hasta que acabamos de desayunar.
-¿Te irás enseguida? – Preguntó al verme juntando mis pertenencias.
- Si, mientras más rápido me vaya, más rápido estaré de vuelta – sonreí – Además necesito una ducha… con urgencia – dije en tono divertido.
-Está bien – dijo entre risas y continuó sacando las cosas de la mesa.
-Nos vemos – dije una vez estando lista, me acerqué para despedirme, estampé un beso en su mejilla y ella solo me observó con ternura y sonrió.
-Cuídate – dijo y me acompañó hasta la salida
-También tu – contesté.
-Llámame cuando llegues a tu casa… ¿si?
-Ok – respondí sintiendo mi corazón lleno de cariño por su preocupación y cuidado, caminé por la calle desolada tratando de dejar de lado el hecho de que ella siguiera parada en al puerta, la despedida sería tan solo por unas horas y me dolía como si no la fuese a ver nunca más. - Es tan fácil acostumbrarse al cariño, es tan fácil acostumbrarse a lo que no va a durar… - susurré mientras caminaba por las calles frías y vacías.


Continuará...

sábado, 20 de noviembre de 2010

Pesadillas? o una realidad alterna..? [sexta parte]

Extrañamente aquella noche no desperté víctima de las pesadillas que solían atacarme a media noche, la habitación seguía oscura y mis ojos ardían, su mano continuaba entrelazada con la mía y sentí algo parecido a la ternura al verla aún durmiendo, sus hermosos ojos verdosos aún cerrados y sus rojos labios entreabiertos, su respiración casi imposible de percibir que contrastaba con su tez pálida. Me quedé observándola por un buen rato, su ceño pasivo y con una cuota de dependencia, como una niña, como una pequeña falta de cariño.

Saqué el celular de debajo de mi almohada intentando no moverme mucho para no despertarla, vi la hora y aún era extremadamente temprano, pero no podría volver a dormir y lo sabía. Busqué una forma de estar cómoda sin molestar su plácido sueño pero aún así sin soltar su cálida mano.

Por primera vez en mi vida me sentía tan querida y dueña de un sentimiento, dueña de alguien aún con aquellos pobres y escasos ademanes que solo se daban cuando teníamos la privacidad de su habitación, su cuerpo comenzó a revolverse entre las sabanas y los sonidos que dejaba escapar parecían ronroneos que me llenaban el corazón de ternura.

-Cómo amaneciste? - Preguntó apenas abrió los ojos, sentí la presión de su mano contra la mía.

-Bien, me duelen un poco los ojos - le comenté refregándolos con la mano que tenía libre.

-Que extraño, a ver... - dijo acercándose a mi, invadiendo mi espacio personal abrió mis ojos con delicadeza y sopló dentro causándome una sensación placentera cuando dejaron de arder. - Mejor así? - Preguntó viéndome esta vez.

-Mucho mejor, gracias... – sonreí bajando levemente la mirada ante su sonrisa cuantiosa que me hacía desear traspasar nuestras barreras de amistad.

-Que me dices de los golpes en el abdomen, aún duele mucho? – Preguntó acercando exageradamente su cara para luego dejar caer su cabeza en mi hombro.

-Solo un poco, cuando me muevo… - contesté.

-Puedo ver? – Preguntó refiriéndose a las marcas que los golpes habían dejado en mi piel. Yo asentí y subí un poco mi camiseta para mostrarle los golpes que ella observaba con un dejo de lástima y leves expresiones de dolor.

-Ya no duele tanto, definitivamente no…

-Eso es bueno – sonrió dulcemente – Ven, vamos a tomar desayuno – dijo y salió de la cama para jalar mi mano y acompañarla al primer piso.

-Tiene que ser ahora? –Pregunté de forma caprichosa con una sonrisa en los labios.

-No quieres levantarte todavía? – Preguntó volviendo a la cama.

-Es muy temprano…

-Está bien… - rió y volvió a acomodarse. Puso su mano en una de mis mejillas y acarició suavemente mi rostro, yo cerré mis ojos y disfruté el cariño hasta que dos palabras que salieron de su boca hicieron que mi piel se enfriara y mis nervios afloraran.

-Me gustas – dijo de pronto y yo sentí como mi sangre corría más rápido a través de mis venas, no supe si lo que sentía era miedo, o ganas de responderle lo mismo, la indecisión me estaba matando y no quería abrir mis ojos para ver los suyos. El silencio se hizo presente volviendo todo aún más incómodo. – No necesito que me respondas ahora… tampoco se si necesito una respuesta, solo necesitaba decírtelo entiendes? No es que te quiera forzar a hacer algo que no quieres, es solo que no soportaría mucho más tiempo con esto metido en el pecho – dijo de una forma tan rápida que me causó una pequeña risa. – De que te ríes? – Preguntó una vez más.

-De lo rápido que dijiste todo eso, no es necesario que te justifiques tanto, no es tan terrible lo que me acabas de decir.

-De verdad no crees que es terrible? , yo creí que te molestarías, que te irías o me insultarías…

-No podría hacer ni una de esas cosas, si tu sientes eso, yo no puedo hacer nada, son tus sentimientos, y no por eso me voy a alejar de ti… me gusta estar contigo. –dije acercándome un poco más a ella para encontrar su calor.


-Gracias – dijo de forma casi inaudible y me rodeó con sus brazos en un cálido abrazo que no rechacé.


...


Demoré mucho en volver a subir, y además es muy corto el escrito, así que mil disculpas a las pocas personas que leen, he tenido un poco de problemas con esta escritura... y eso... Adiós, y gracias por leer.


jueves, 28 de octubre de 2010

Pesadillas? o una realidad alterna..? [quinta parte]

-Juguemos algo - Propuso con una mirada de niña caprichosa.

-¿Que cosa? - Pregunté

-Preguntas, tu me haces una pregunta y yo te respondo, luego yo te hago una pregunta y tu respondes y así sucesivamente - sonrió.

-Está bien... ¿pero se puede preguntar cualquier cosa? - Pregunté y ella asintió con la cabeza, yo enseguida comencé a pensar en mi pregunta y luego de unos cuantos segundos volví a hablar. - De verdad, ¿Por que me trajiste aquí ayer, cuando podrías haberte ahorrado problemas si no me hubieses ayudado?

-Por que un par de cervezas gratis no pueden más que mi lealtad, y eres de las pocas personas que me agradan, por eso te traje aquí y te cuidé - Respondió. - Bien, ahora es mi turno... ¿Por que me hablaste aquel día en la playa? siendo que eramos completas desconocidas.

-Por que sentí curiosidad de ti, desde el primer día en que te vi sentada junto a la orilla, vi que eras distinta, percibí que eras distinta... - Contesté y ella me observó de forma inexpresiva. -Que sucede? - Pregunté al notar su encimismamiento.

-Nada, nada... solo pensaba, vamos continuemos, te toca - sonrió.

-¿Por que soy de las pocas personas que te agradan? - Pregunté y esperé en silencio su respuesta que tardó unos segundos en llegar.

-Por que me gusta tu forma de pensar, eres muy inteligente, con una mente amplia a pesar de ser tan pequeña, más que nada eso - dijo pasando su mano por su cuello como solía hacerlo cuando se encontraba nerviosa.

-Entiendo, vamos, es tu turno... - dije dandole paso a continuar con el juego.

-¿Considerarías alguna vez el tener una relación con una chica?, digo, en un futuro... - Preguntó sin dejar de observarme.

-No lo se, ni siquiera he besado a alguien, no puedo saber si consideraría el tener una relación con una chica, más no creo que me moleste... en relidad no estoy segura... - ella asintió con la cabeza y esperó una nueva pregunta. -¿Cuándo te diste cuenta de que eras así? - Pregunté temiendo el haberme expresado mal.

-Así como? - Preguntó.

-Así, ¿cuando descubriste que te gustaban las chicas? - Pregunté nuevamente un poco más nerviosa.

-Ah... cuando tenía 15, me di cuenta de que los chicos no me llamaban la atención, y en ese entonces creí que era natural, hasta que comencé a sentir cosas por chicas, y a desearlas... entiendes?... y ahora lo asumí, simplemente no me gustan los hombres... - dijo ella para nada nerviosa al contrario de como me encontraba yo al preguntarle ese tipo de cosas... - mi turno - dijo luego de un rato - Y a ti, te gusta alguien, algún chico? - Inquirió y mis mejillas se encendieron por una razón que hasta yo misma desconocí.

-No, creo que no me gusta nadie - Respondí con la voz algo temblorosa al notar que las preguntas se iban haciendo más complicadas.

-Segura? - preguntó nuevamente.

-No, es decir, no lo se, no siento cosas por nadie, o al menos no me doy cuenta... pero... bien, me toca... te copiaré la pregunta... ¿Quien te gusta a ti? - Pregunté sonriendo.

-Te dije que no puedo decirte eso... - respondió esta vez poniendose de espaldas en la cama con una de sus manos bajo su cabeza.

-Dijiste que podía preguntar cualquier cosa...

-Pero eso es algo que no se si pueda responderte, no por ahora, no en este momento, entiendes pequeña? - Como odiaba que me dijera "pequeña" me hacía sentir como una bebé.

-Está bien, supongo... - dije sin animos de seguir insistiendo.

-Falté a las reglas del juego... supongo que hasta aquí quedamos...

-Si, creo que si... además ya no tengo más preguntas...

-Lo peor de todo es que ni siquiera tengo sueño...

-Tampoco yo.

-¿Que hacemos?

-No lo se, ¿que podemos hacer...? - Pregunté acomodandome de espaldas en la cama, con la mirada fija en el techo de la habitación levemente iluminada por la luz de la ventana.

-No lo se... esto es aburrido, deberíamos intentar dormir...

-Buena elección - dije y ella volvío a acomodarse de lado, de pronto se sentó y estiró uno de sus brazos, parte de su cuerpo estaba sobre el mío, podía sentir su calor y también pude percibir la oscuridad cuando cerró las cortinas y volvió a acomodarse en la cama.

El silencio se apoderó de la habitación dejandonos escuchar nuestras respiraciones calmadas, mis ojos se mantenían abiertos observando la obscuridad. Sentí su cuerpo aferrarse al mío dandome el calor que tanto me costaba adquirir a la hora de dormir, uno de sus brazos rodeó mis caderas y su respiración calurosa chocó contra mi oído derecho haciendome saber que su rostro se encontraba cercano al mío.

-De verdad nunca has dado un beso? - Preguntó de pronto rompiendo el silencio mientras su aliento contra mi rostro me causaba una sensacion que jamás había tenido. Supe sin ver mi rostro que mis mejillas debían estar rojas, pues me hardían como si las quemaran.

-Si... tiene algo de malo? - Pregunté tratando de crear algo de distancia sin que ella lo notara.

-No, claro que no...

-Tu, cuando diste tu primer beso? - Inquirí aprovechando el tema.

-Tenía 14 años...

-Fue con una chica? - pregunté

-Si, una chica muy linda, pero era menor que yo, eramos compañeras de curso... fue una tontería de niñas supongo o al menos eso creí en ese instante... - dijo soltando aire.

-Que se siente? - Pregunté dejando completamente al descubierto mi ingenuidad e inocencia.

-No lo se, no podría explicartelo en palabras...

-Entiendo - dije mientras convertía su cercanía en algo cómodo, inconcientemente llevé mi mano bajo las frazadas posandola sobre la suya que se movía al rítmo de mi respiracion sobre mi estómago, noté que pegó un salto ante el contacto de mi mano fría y también hizo que yo me espantara y alejara mi mano de la suya, pero ella la tomó antes de que pudiera acomodarla en otro lugar. Entrelazó nuestros dedos y acomodó ambas manos sobre mi estomago que subía y bajaba ahora de forma más rápida al haber cambiado bruscamente el rítmo de mi respiracion con su amoroso ademán.

-Te quiero pequeña - soltó acercandose más a mi, dejando que su aliento acariciara mi cuello esta vez, yo me quedé estática, como si me hubiese congelado, mi cuerpo se puso tenso, su cercanía se me hacía molesta y cada roze de su cuerpo me causaba una sensacion inexplicable en el estómago. Intenté relajarme y disfrutar aquel cariño al que nunca estuve acostumbrada, alivié mis extremidades y me dejé abasallar por su calor.
Cerré mis ojos y seguí sintiendo su tibia respiracion colisionar con mi cuello, mientras sus pestañas hacían cosquillas a mi mentón cada vez que ella abría y cerraba sus ojos, me envolví en la comodidad y caí rendida por el sueño.


Continuará...

viernes, 22 de octubre de 2010

Pesadillas? o una realidad alterna..? [cuarta parte]

Estuvimos gran parte de la tarde en aquella desolada playa, mi vista se ahogó en el color gris del cielo amenazante y ella continuaba moviendo su mano casi de forma automática ensuciando blancas y lisas hojas de aquel cuaderno que ella consideraba más valioso que su propia vida, el ruido que hacía al voltear las hojas me sacaba del letargo que me consumía, me parecía impresionante aquella capacidad de escribir como si tuviese todo en la mente, me causaba incertidumbre saber que era exactamente lo que relataba pero sabía que cualquier intento de leer sus obras me costaría una reprimenda peor que las de mi madre.

-Tienes frío? - Preguntó sin mirarme al notar que me había sentado y me encontraba abrazando mis propias piernas.

-No - Contesté mientras observaba su perfecto perfil.

-Estás aburrida? - Preguntó nuevamente sin dejar de escribir.

-Un poco - dije rápido para luego soltar un gran bostezo que humedeció y nubló mi vista.

-Quieres que nos vayamos a casa? - preguntó esta última vez centrando toda su atención en mi respuesta.

-Lo haré cuando tu lo hagas - correspondí su mirada.

-Bien, entonces vamos - dijo poniéndose de pie, limpió los residuos de arena en su pantalón y luego estiró su mano para ayudar a levantarme, recibí su cálida mano para ponerme de pie y agradecí el gesto.

-No es extraño que haga calor en un día tan nublado? - Pregunté mirando las nubes de color gris sobre nuestras cabezas.

-El clima suele ser así aquí - se limitó a responder y dio un pequeño espacio al silencio para volver a hablar. - Tu papá no ha llamado? - inquirió y yo enseguida llevé mi mano hacia uno de los bolsillos de mi pantalón, extraje el celular para verificar si habían llamadas pero no había nada.

-No, creo que ni siquiera se ha acordado de que existo - reí con un dejo de desilusión y volví a guardar el celular.

-Que no te importe si no ha llamado - dijo notando mi ademán de notoria tristeza y pasó uno de sus brazos por sobre mis hombros para que me acercara. - ¿De verdad después de tantos años te sigue importando su cariño? - Preguntó cerca de mi rostro, casi en un susurro en el que pude aspirar su aliento.

-No es eso - dije soltando aire - es solo que... no logro entender que alguien se desentienda de quien engendró, es eso... a veces me pongo a pensar en... cómo demonios te olvidas de tu hija, es más que nada ese pensamiento el que me atormenta.

-Deja de pensar en eso y solo ten presente que si algún día llegas a tener hijos no dejarás que pase lo mismo, deja de atormentarte con cosas que a estas alturas no puedes solucionar, no ruegues por su cariño siendo que aquí afuera hay muchos que te queremos - habiendo dicho eso dejó un torpe beso en mi mejilla y alejó su brazo que mantenía la cercanía entre ambas.

¿Acaso era ella quien me había abrazado? ¿Desde cuándo deja fluir su cariño ante la exposición pública? o más bien ¿Desde cuándo era tan cariñosa conmigo fuera de las cuatro paredes que formaban su habitación? ¿Desde cuándo aquella confianza? Todas esas interrogantes rebotaban de un lado a otro de mi mente mientras caminábamos en silencio rumbo a su casa.
Finalmente habíamos llegado, yo observaba con detención la gran casa de color blanco, como si nunca antes hubiese estado ahí, mientras ella buscaba las llaves en sus bolsillos. Al entrar notamos que todas las luces estaban apagadas, lo que señalaba que agradecidamente su madre aún no llegaba, pasamos directo a la cocina, buscamos algo rápido para saciar nuestra hambre luego de no haber probado bocado en todo el día y luego subimos a su habitación.

-¿Que hora es? - Pregunté luego de sentarme en la cama junto a la ventana y notar que aún no comenzaba a oscurecer.

-Son las...seis veinte - respondió

-Creí que era más tarde - dije mientras la observaba quitarse el poleron y sacarse los jeans.

-También yo - dijo dejándose caer a mi lado sobre la cama.

-¿No saldrás hoy? - Pregunté

-No... no es bueno eso de salir de parranda todos los días... Hoy quiero estar aquí aprovechando que te quedarás, así podemos hablar hasta tarde, escuchar música, que se yo... algo más relajado. - Contestó y se acomodó bajo las escasas frazadas, yo me paré y gateé hasta los pies de la cama, para despojarme de mis ropas quedando al igual que ella en ropa interior sin mayor vestimenta que la polera que había usado durante el día. Volví a la cama y me acosté a su lado sintiendo enseguida el calor de su cuerpo, me metí bajo las frazadas y me acomodé de lado para quedar justo frente a frente.

-Te ves cansada - comenté al observar sus ojos rodeados por unas grandes ojeras.

-No dormí muy bien anoche, me tenías preocupada... a ratos te quejabas mucho - dijo con voz dulce mirándome directo a los ojos.

-Lo siento... y respecto a lo sucedido en el local, no quise meterte en problemas, es solo que no soporté que esas tipas dijeran tanta estupidez y... - Alcancé a decir cuando el suave rose de una de sus manos sobre mi mejilla me hizo guardar silencio y ella se abrió paso para hablar.

-Si toda la gente razonara como lo haces tu, este mundo sería hermoso... pero lamentablemente no es así, y no te disculpes, por que entiendo perfectamente tu reacción, pero a veces es mejor morderse toda esa rabia y disfrutar internamente al saber que eres tu quien tiene la razón, no debiste hacerles caso... ellas ven todo con maldad... - dijo dulcemente mientras pasaba una y otra vez su tibia mano por mi cara.

-Lo se... pero de verdad lo lamento, prometo que no volverá a pasar - dije de forma levemente desesperada esperando que creyera en mi promesa. Ella solo sonrió y asintió dejándome saber que me creía.

Ella siempre era tan distinta cuando estábamos ahí, en su habitación, rodeadas del silencio...Siempre era tan cariñosa, todo lo contrario a como solía ser cuando caminábamos por la calle. Yo disfrutaba sus caricias y sus palabras el poco tiempo que podía tenerlas, pero a la vez sentía un poco de miedo al pensar en que la situación se nos fuese de las manos.

Desperté de mis pensamientos cuando dejé de sentir la calidez que su mano le otorgaba a mi mejilla y me di cuenta de que aún me observaba.


Continuará

lunes, 18 de octubre de 2010

Pesadillas? o una realidad alterna..? [tercera parte]

Me quedé sentada en el sofá junto a la única ventana de la pequeña habitación, ella se movía frenéticamente de un lado a otro como si buscara algo. Preferí no preguntar y sumirme en la tranquilidad de mi silencio interno.

-Acaso piensas quedarte ahí todo el maldito día? - dijo en un tono bastante desagradable haciendo que desviara inmediatamente mi vista del paisaje que se lograba ver a través de la ventana.

-Y que se supone que puedo hacer?

-Vas o te quedas? - Preguntó con las llaves en la mano.

-A donde? - Pregunté algo confundida.

-No lo se, a cualquier parte, a la playa, a donde sea... solo no quiero estar aquí - dijo esta vez en un tono más suave.

-Está bien, te acompaño - accedí y me paré rápidamente, busqué mi poleron sobre la desordenada cama y salimos de la casa.

Emprendimos rumbo hacia la playa que se encontraba desolada por el día nublado y amenazante pero aún así bastante caluroso, teníamos toda la playa para nosotras solas. Ella caminaba a paso lento con un cuaderno bajo el brazo y siempre con el gorro de su poleron sobre su cabeza, esa era una de las cosas que había llamado mi atención desde el día en que la conocí, no importaba que tanto calor hiciera, nunca se sacaba el gorro, era como si quisiera privar a la humanidad de aquellos hermosos y profundos ojos color miel.

-Sentémonos ahí - indicó cerca de la orilla y yo solo asentí y la seguí.

Me quedé con la mirada fija en el horizonte, deleitándome con el color verdoso de las pasivas aguas y una que otra ola que amenazaba con mojar mis zapatillas, ella abrió su cuaderno y yo llevé mi vista hacia sus escrituras y por inercia comencé a leer.

-Que es exactamente lo que escribes? - inquirí y ella me observó de forma seria causándome un escalofrío que recorrió toda mi columna.

-Pensamientos, cosas que siento... escribo sobre algunas personas... aún sin nombrarlas - volvió su vista hacia la hoja en blanco y comenzó a escribir, yo desvié mi mirada llenándome del prestigioso paisaje y disfrutando la paz de aquel nublado día, intentando captar cada uno de los sonidos a mi alrededor.

-Aquí mismo fue donde nos conocimos - interrumpí esta vez y me dejé caer hacia atrás poniendo mis manos bajo la nuca sintiendo la tibieza de la arena en mi espalda.

-Como olvidar aquella tarde en la que no me dejaste escribir ni una sola línea - Respondió y esbozó una dulce sonrisa. - ya nos conocemos de hace un mes, y me siento responsable de ti...

-Lo siento - dije mientras la observaba minuciosamente.

-No hay problema, después de todo... eres una de las únicas personas con las que me agrada estar, aunque no te lo demuestre - sonrió nuevamente viéndome a los ojos.

-No se por que contigo siento como si nada pudiese hacerme daño - dije sin pensar muy bien en las palabras que mi boca estaba dejando escapar.

-Supongo que extrañas a tu madre, y por eso sientes eso cuando estás conmigo - contestó de forma serena y hasta tierna, como pocas veces solía serlo conmigo.

-Quizás... - luego de mi breve respuesta el silencio nos inundó, nunca sabíamos muy bien de que hablar, el echo de que ella fuese mayor que yo me hacía sentir extremadamente inferior. Aún así mis miradas hacia ella eran constantes y llenas de dulzura como intentando que mis ojos descifraran el secreto tan bien escondido de los suyos que en escasas oportunidades se dejaban ver.

-Ayer terminé con mi novia... - soltó de pronto interrumpiendo el silencio y sin quitar la vista de su cuaderno continuó hablando. - Ella me estaba enfermando, sus celos, sus malditos celos estúpidos, varias cosas de ella acabaron cansándome sabes? Además, se que te trataba mal cuando yo no estaba presente, así que te pido una disculpa.

-No te preocupes... yo se que no le caigo bien, pero no entiendo como me dices que terminaron si hace cuatro días se veían tan felices...

-Bueno, además de todas las cosas que me molestaron de ella, me gusta otra persona, y puedo ser cualquier cosa menos deshonesta con mis parejas, yo a ella ya no la quería y no podía seguir fingiendo cariño, cuando ya no lo siento...

-Osea que terminaste con ella por que te gusta otra chica? - Pregunté con notorio asombro.

-Si, bueno... no estaba segura de eso, de la otra chica... pero ahora creo que si, siento cosas fuertes por ella... - dijo sin dejar de sonreír y vi como un tenue color rosa se apoderó de sus mejillas.

-Y se puede saber quien es? - Pregunté de forma divertida.

-No seas tan curiosa! - dijo dándome un suave golpe en el costado haciéndome soltar un gemido por mis aún resentidos golpes de la noche anterior. - Lo siento! olvidé que estás herida...y bueno Tarde o temprano lo sabrás, pero no es el momento...

-Es respetable, si no quieres decirlo estás en todo tu derecho - sonreí

-No puedo creer que entiendas todo esto con tanta madurez y tranquilidad - soltó

-Que... ¿acaso debería asustarme y comportarme como toda esa manga de estúpidos homofobicos que caminan por las calles? ¿A que demonios se supone que debería temer?

-Tienes razón, maldita sea, me haces sentir como si fuese yo quien tiene 13 y tu 17 - dijo y ambas reímos.


Continuará







viernes, 15 de octubre de 2010

Pesadillas? o una realidad alterna..? [segunda parte]

-Y que es lo que harás? - Preguntó mientras yo seguía observando minuciosamente los golpes en mi torso, descubriendo uno tras otro con asombro y un poco de lástima hacia mi misma.

-No puedo quedarme aquí - contesté sin quitar mi vista del espejo.

-Por que no? - preguntó y yo llevé mi vista hacia la suya que esta vez esperaba atentamente una respuesta coherente de mi parte, la cual tardé en conseguir.

-Por que... es tu casa, y puede llegar tu novia y no quiero molestar - Respondí y pude notar la incomodidad de mis palabras en su rostro.

-No, ella no vendrá hoy...por eso te estoy diciendo que puedes quedarte... eres muy testaruda oye... yo solo te quiero ayudar... - contestó y de un salto salió de la cama y se dirigió al baño dejándome sola en la habitación con sus palabras rebotando en mi mente una y otra vez.

Volví hacia la cama y me senté, mi columna se contrajo al sentir el fuerte dolor en mi torso al encorvarme, dejé mis pensamientos en blanco mientras ponía atención al ruido de la ducha, me quedé ahí un buen rato sintiendo las leves puntadas en mis moretones que se hacían presentes con el más mínimo movimiento. "yo solo te quiero ayudar..." esa frase se repetía en mi mente, una y otra vez como un disco rayado, ella era increíblemente amable conmigo, aún sin tener obligaciones... y después de todo tenía razón, no podía llegar así a casa...
El casi imperceptible sonido de la manilla de la puerta del baño me alertó y de un salto desperté de mi letargo, ella venía saliendo de la ducha, envuelta en una toalla blanca que dejaba al descubierto partes de su piel blanquecina, su cabello goteaba sobre sus hombros y aquellas gotas de agua iban a morir en sus pechos dentro de aquella toalla que tapaba mi extraña curiosidad.

-Tienes razón, no puedo llegar así a casa - dije siguiendola con la mirada mientras ella caminaba por la habitacion buscando ropa limpia.

-Te lo dije, yo no tengo problema en que te quedes aquí... eres tu la orgullosa que rechaza mi ofrecimiento - dijo sin mirarme, de pronto soltó la toalla que la cubría, dejando al descubierto su cuerpo esbelto y curvilíeneo, el calor se apoderó de mi cara en segundos y enseguida desvié mi vista de su figura.

-¿Que? - dijo notando mi comportamiento. - No tengo nada que tu no tengas, por que pones esa cara?

Ella tenía razón, esas sensaciones no eran normales, pues teníamos lo mismo, ambas eramos mujeres, mi comportamiento era ilógico hasta a mi me parecía que lo era, pero el calor en mis mejillas era inevitable y ella no hacía esfuerzos por dejar de causarme esas sensaciones. Se vistío sin ni un apuro, podría jurar que rió al verme observando la pared blanca de fondo tratando de no llevar mi vista hacia su cuerpo.

-Enserio no te molesta que me quede? - Pregunté con un tono casi inaudible aún sin mirarla.

-Vas a seguir con lo mismo, te estoy diciendo que no hay ni un problema - dijo calzandose unos jeans rotos y gastados.

-Pero papá me llamará para preguntarme en donde estoy, que se supone que le voy a decir?

-Que te quedarás conmigo esta noche... ¿que tiene de malo que te quedes conmigo? No te voy a violar si es eso lo que crees - rió haciéndome sentir nuevamente una explosión de colores acompañados de un abrumador calor en mis mejillas.

Continuará...

martes, 12 de octubre de 2010

Pesadillas? o una realidad alterna..?

Y podría jurar que de todas mis pesadillas aquella había sido la peor, pero no por que un monstruo horrendo me persiguiera, sino que fue como si hubiese despertado en otra vida, o en mis recuerdos de hace unos años, abrí mis ojos y encontré tu cálido rostro contemplándome desde hacía ya un buen rato, sonreí inconscientemente ante la dulzura que derrochaba tu mirada atenta en cada uno de mis movimientos. Correspondiste una sonrisa que a mi parecer fue una explosión de alivio, entonces pensé "de verdad creíste que me iría a media noche, que me espantaría por lo que había sucedido..."

Todo era terriblemente real, era imposible diferenciar que estaba en un sueño, cada una de las cosas de su pequeña y desordenada habitación seguían en el mismo lugar, tal y como la primera vez que entré, asustada, temblando de frío y desconfiando de su amabilidad...

-Cómo te sientes? - Preguntó y yo quedé atónita ante su resplandeciente sonrisa que parecía no desaparecer de su rostro. Dudé un momento, pegué una última mirada a la pared de enfrente, repleta de fotografías de sus músicos favoritos y volví a su mirada que aún esperaba mi respuesta.

-Bien, muy bien - respondí sumiéndome en el brillo de sus ojos levemente claros.

-Creí que cumplirías tu cometido en cuanto al berrinche de anoche - dijo esta vez apoyando un codo en la cama que compartíamos y sosteniendo su cabeza con la mano.

-No fue un berrinche, solo que todo lo que sucedió... tu hospitalidad, me descoloca, y siento como si te molestara y no me lo dijeras, y creo que también por eso hiciste aquello de lo que no se muy bien como hablar... - dije esta vez algo avergonzada. En ese preciso momento noté mi cuerpo semi-desnudo bajo las sábanas y la paranoia se apoderó de mi al sentir el calor de su piel desnuda rodeando la mía. Me apresuré en salir de la cama pero una fuerte puntada en las costillas acompañada de su mano que apretaba fuertemente mi brazo me impidieron escapar.

-Hey, tranquila... ¿a donde crees que vas? - Preguntó sin soltar mi brazo obligándome que volviera a acomodarme a su lado en la cama.

-Que demonios es ese dolor en mis costillas? - Pregunté con el ceño fruncido y levanté levemente mi polera, noté un extenso moretón que me hacía saltar de dolor al contacto de mi propia mano.

-Es que solo a ti se te ocurre pelear con las chicas del el local, ellas casi te matan, a la hora que no te saco de ahí quizás como estarías - dijo soltando una risa burlona levemente triunfadora.

-No eres mi niñera, por que no me dejaste ahí, no estoy bajo tu cuidado - Regañé con soberbia y me tragué el dolor que le causé a mi torso al soltarme fuertemente de su mano que aún sostenía con fuerza y autoridad uno de mis brazos.

-De nada - respondió riendo, notando mi dolor aún sin haber dejado escapar ni un solo quejido.

-Está bien, lo siento, gracias señorita heroína... - contesté con sarcasmo y me levanté a penas de la cama, con una mano en mis costillas como si algo se fuese a desprender si la sacaba de ahí, busqué mi ropa en el suelo de la desordenada habitación. Me vestí con dificultad pero lo más rápido que pude.

-¿A donde irás? - Preguntó recostada en la cama con sus brazos bajo la nuca, en una posición notoriamente cómoda.

-A mi casa - Contesté sin dejar mi labor de vestirme para poder salir de ahí de una maldita vez.

-Acaso buscas otra paliza? Recuerda que tu padre no está y tus hermanos no lo pensarán dos veces en contarle si te ven llegar así, no sería mejor que te quedaras?

-¿Así cómo? - Pregunté al no saber a que se refería.

-Por dios, mírate al espejo, cuanto consumiste anoche ¿eh? además tu cara está hinchada de tanto alcohol, tus ojos están rojos y estás toda golpeada, que le dirás a tus hermanos y a tu padre... ¿que te caíste? - dijo ella con autoridad y por un momento sentí como si fuese mi madre quien hablaba.

Me acerqué al espejo que colgaba en la puerta del closet, vi mi figura desgarbada, unas inmensas ojeras que cubrían todo el rededor de mis ojos rojos e hinchados, examiné con más cuidado los golpes en mi cuerpo, verdaderamente me veía deplorable.



Continuará


Quiero dejar en claro ante todo, que ni un personaje de esta historia será nombrado o al menos intentaré no hacerlo, la historia se basa en alguien especial para mi y un episodio difícil de su vida el cual yo viví junto a ella, intenté ponerme en el caso de ella y personificarla lo mejor posible, espero se entienda... Gracias.

martes, 3 de agosto de 2010

Memories...


Aún llevo grabada en mis pupilas la imagen de tus ojos alegres y coquetos, tan tuyos y dignos de serlo, en mi memoria reproduzco pequeñas y fugaces escenas de tus jugarretas de niña, tu risa tan contagiosa, tan transparente. Te recuerdo, cada día de mi vida, cada día mas que otro, tus enojos tan tontos que siempre acababan en aquel sofá haciéndose nada luego de un cálido abrazo que tercamente te negabas a aceptar, hasta cuando tus ganas de corresponderme se hacían insoportables. Tus infinitos intentos fallidos por hacerme enojar, pero no, no lo haría...jamás, jamás contigo... Por que nunca me diste verdaderas razones para hacerlo, por que hasta la palabra mas horrenda que pueda haber en el diccionario, al salir de tus labios se vuelve hermosa, por que todo lo que tocaste aún tiene tu marca... y en estos momentos es que no entiendo por que te fuiste, por que te fuiste sabiendo que hoy te necesito mas que nunca, te fuiste dejando en mi memoria nada mas que miles de hermosos recuerdos que jamás volverán...y de que me sirven los recuerdos si tu ya no estás para compartirlos...