Te escuché hablar, toda mi atención estaba puesta en ti... Entendí lo importante que era lo que me estabas diciendo, lo que había significado aquel accidente para ti, absorbía tu dolor y preocupaciones en cada palabra que escapaba de tus labios, entendí tus miedos y creé los míos.
Agradecí internamente que todo haya salido bien, sabía cuanto habías sufrido, sabía lo difícil que estaba siendo todo para ti y me sentí egoísta al agradecer que no haya sucedido lo que debería...
Desvié mis pensamientos por unos segundos, sólo para pensar en lo que sería mi vida sin ti ahora, como sería todo si no te hubiese conocido, si ese accidente te hubiese costado la muerte, si tus ojos color miel no me vieran con la dulzura que lo hacían en ese preciso momento, si tu voz no acariciara mis pensamientos todos los días, que sería la vida sin tus manos suaves resbalando en mi espalda cada noche... Es difícil imaginar mi vida sin ti, es casi imposible quitarte de mi paisaje, simplemente porque sé que eres lo que busqué durante todos estos años y sé que esta vez si me he enamorado y lo mejor es saber que tu también lo estás de mi, quiero escucharte, quiero entenderte, pero no quiero pensar en tu ausencia... No ahora que todo está tan bien aquí, ahora que no falta nada en mi vida...