Él podía notar las diferencias, pero nunca supo verdaderamente las heridas que sus constantes intentos por dejarme abrían dentro mío... Él no tenía esa capacidad, nunca pudo descifrarme, nunca supo leerme como yo podía hacerlo con él... Nunca supo estar seguro de que me amaba y si raramente lo estaba, no se sentía capáz de cargar con aquel peso a sus espaldas.
El nunca notó ese desgaste, esa pérdida de interés. Nunca notó como el amor se me escapaba en forma de lágrimas y que el único culpable de eso era él...
Sabía que lo amaba, de una forma en la que jamás lo había hecho, lo sabía porque siempre se lo decía y porque me esforcé en hacer que lo sintiera de todas las formas que tuve a mi alcance.
No tenía idea de los vacíos en mi pecho, del dolor que se quedaba y se expandía por todas las veces que dejó a sus miedos pisotear al amor que me tenía.
Sigo esperando a que aprenda a amarme o simplemente a conocerme, sigo esperando que deje de preguntar y descifre mi lejanía por si mismo antes de que sea tarde.
Está tan confiado en que lo amo, y es que de verdad lo hago... Pero el amor no es eterno ni a prueba de balas, sigo intentando saber cuanto más puedo resistir, cuanto tiempo, cuantas palabras, cuánto más podré rogar y humillarme antes de que amarlo se vuelva tan doloroso que ya no pueda soportarlo.
Demasiado tiempo perdido entre letras sueltas, entre frases inconclusas e historias muertas.
lunes, 19 de octubre de 2015
domingo, 11 de octubre de 2015
...
Por un segundo tuve la sensación de haber regresado en el tiempo, encontrándome a mi misma en uno de esos tantos sábados soleados en los que te esperé llena de ansias, en la misma silla desde la cual en ese entonces mis pequeñas piernas no alcanzaban el suelo, con mi pequeña nariz deformandose contra el cristal empañado de la ventana y mis grandes y brillantes ojos situados en la esquina de la cual se suponía que aparecerias. Y el sonido agónico del reloj quitándome minuto a minuto las ganas de seguir creyendo que algún día vendrías, el sentir como algo dentro de mi pecho parecía apagarse al mismo tiempo que el sol se escondía para darle paso a la noche y junto a esta las lágrimas y la decepción que después de tanto tiempo ya parecían una horrible costumbre.
Si regreso hasta ahora, me veo a mi, con unos cuantos años más pero con la misma sensación en el pecho, mientras mis ojos al borde del llanto se sitúan en el sol que se esconde, que me mira y pareciera reír de mi, de que aún crea en ti, de que aún piense que vendrás.
Si regreso hasta ahora, me veo a mi, con unos cuantos años más pero con la misma sensación en el pecho, mientras mis ojos al borde del llanto se sitúan en el sol que se esconde, que me mira y pareciera reír de mi, de que aún crea en ti, de que aún piense que vendrás.
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