Todo era terriblemente real, era imposible diferenciar que estaba en un sueño, cada una de las cosas de su pequeña y desordenada habitación seguían en el mismo lugar, tal y como la primera vez que entré, asustada, temblando de frío y desconfiando de su amabilidad...
-Cómo te sientes? - Preguntó y yo quedé atónita ante su resplandeciente sonrisa que parecía no desaparecer de su rostro. Dudé un momento, pegué una última mirada a la pared de enfrente, repleta de fotografías de sus músicos favoritos y volví a su mirada que aún esperaba mi respuesta.
-Bien, muy bien - respondí sumiéndome en el brillo de sus ojos levemente claros.
-Creí que cumplirías tu cometido en cuanto al berrinche de anoche - dijo esta vez apoyando un codo en la cama que compartíamos y sosteniendo su cabeza con la mano.
-No fue un berrinche, solo que todo lo que sucedió... tu hospitalidad, me descoloca, y siento como si te molestara y no me lo dijeras, y creo que también por eso hiciste aquello de lo que no se muy bien como hablar... - dije esta vez algo avergonzada. En ese preciso momento noté mi cuerpo semi-desnudo bajo las sábanas y la paranoia se apoderó de mi al sentir el calor de su piel desnuda rodeando la mía. Me apresuré en salir de la cama pero una fuerte puntada en las costillas acompañada de su mano que apretaba fuertemente mi brazo me impidieron escapar.
-Hey, tranquila... ¿a donde crees que vas? - Preguntó sin soltar mi brazo obligándome que volviera a acomodarme a su lado en la cama.
-Que demonios es ese dolor en mis costillas? - Pregunté con el ceño fruncido y levanté levemente mi polera, noté un extenso moretón que me hacía saltar de dolor al contacto de mi propia mano.
-Es que solo a ti se te ocurre pelear con las chicas del el local, ellas casi te matan, a la hora que no te saco de ahí quizás como estarías - dijo soltando una risa burlona levemente triunfadora.
-No eres mi niñera, por que no me dejaste ahí, no estoy bajo tu cuidado - Regañé con soberbia y me tragué el dolor que le causé a mi torso al soltarme fuertemente de su mano que aún sostenía con fuerza y autoridad uno de mis brazos.
-De nada - respondió riendo, notando mi dolor aún sin haber dejado escapar ni un solo quejido.
-Está bien, lo siento, gracias señorita heroína... - contesté con sarcasmo y me levanté a penas de la cama, con una mano en mis costillas como si algo se fuese a desprender si la sacaba de ahí, busqué mi ropa en el suelo de la desordenada habitación. Me vestí con dificultad pero lo más rápido que pude.
-¿A donde irás? - Preguntó recostada en la cama con sus brazos bajo la nuca, en una posición notoriamente cómoda.
-A mi casa - Contesté sin dejar mi labor de vestirme para poder salir de ahí de una maldita vez.
-Acaso buscas otra paliza? Recuerda que tu padre no está y tus hermanos no lo pensarán dos veces en contarle si te ven llegar así, no sería mejor que te quedaras?
-¿Así cómo? - Pregunté al no saber a que se refería.
-Por dios, mírate al espejo, cuanto consumiste anoche ¿eh? además tu cara está hinchada de tanto alcohol, tus ojos están rojos y estás toda golpeada, que le dirás a tus hermanos y a tu padre... ¿que te caíste? - dijo ella con autoridad y por un momento sentí como si fuese mi madre quien hablaba.
Me acerqué al espejo que colgaba en la puerta del closet, vi mi figura desgarbada, unas inmensas ojeras que cubrían todo el rededor de mis ojos rojos e hinchados, examiné con más cuidado los golpes en mi cuerpo, verdaderamente me veía deplorable.
Continuará
Quiero dejar en claro ante todo, que ni un personaje de esta historia será nombrado o al menos intentaré no hacerlo, la historia se basa en alguien especial para mi y un episodio difícil de su vida el cual yo viví junto a ella, intenté ponerme en el caso de ella y personificarla lo mejor posible, espero se entienda... Gracias.
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