-Tienes frío? - Preguntó sin mirarme al notar que me había sentado y me encontraba abrazando mis propias piernas.
-No - Contesté mientras observaba su perfecto perfil.
-Estás aburrida? - Preguntó nuevamente sin dejar de escribir.
-Un poco - dije rápido para luego soltar un gran bostezo que humedeció y nubló mi vista.
-Quieres que nos vayamos a casa? - preguntó esta última vez centrando toda su atención en mi respuesta.
-Lo haré cuando tu lo hagas - correspondí su mirada.
-Bien, entonces vamos - dijo poniéndose de pie, limpió los residuos de arena en su pantalón y luego estiró su mano para ayudar a levantarme, recibí su cálida mano para ponerme de pie y agradecí el gesto.
-No es extraño que haga calor en un día tan nublado? - Pregunté mirando las nubes de color gris sobre nuestras cabezas.
-El clima suele ser así aquí - se limitó a responder y dio un pequeño espacio al silencio para volver a hablar. - Tu papá no ha llamado? - inquirió y yo enseguida llevé mi mano hacia uno de los bolsillos de mi pantalón, extraje el celular para verificar si habían llamadas pero no había nada.
-No, creo que ni siquiera se ha acordado de que existo - reí con un dejo de desilusión y volví a guardar el celular.
-Que no te importe si no ha llamado - dijo notando mi ademán de notoria tristeza y pasó uno de sus brazos por sobre mis hombros para que me acercara. - ¿De verdad después de tantos años te sigue importando su cariño? - Preguntó cerca de mi rostro, casi en un susurro en el que pude aspirar su aliento.
-No es eso - dije soltando aire - es solo que... no logro entender que alguien se desentienda de quien engendró, es eso... a veces me pongo a pensar en... cómo demonios te olvidas de tu hija, es más que nada ese pensamiento el que me atormenta.
-Deja de pensar en eso y solo ten presente que si algún día llegas a tener hijos no dejarás que pase lo mismo, deja de atormentarte con cosas que a estas alturas no puedes solucionar, no ruegues por su cariño siendo que aquí afuera hay muchos que te queremos - habiendo dicho eso dejó un torpe beso en mi mejilla y alejó su brazo que mantenía la cercanía entre ambas.
¿Acaso era ella quien me había abrazado? ¿Desde cuándo deja fluir su cariño ante la exposición pública? o más bien ¿Desde cuándo era tan cariñosa conmigo fuera de las cuatro paredes que formaban su habitación? ¿Desde cuándo aquella confianza? Todas esas interrogantes rebotaban de un lado a otro de mi mente mientras caminábamos en silencio rumbo a su casa.
Finalmente habíamos llegado, yo observaba con detención la gran casa de color blanco, como si nunca antes hubiese estado ahí, mientras ella buscaba las llaves en sus bolsillos. Al entrar notamos que todas las luces estaban apagadas, lo que señalaba que agradecidamente su madre aún no llegaba, pasamos directo a la cocina, buscamos algo rápido para saciar nuestra hambre luego de no haber probado bocado en todo el día y luego subimos a su habitación.
-¿Que hora es? - Pregunté luego de sentarme en la cama junto a la ventana y notar que aún no comenzaba a oscurecer.
-Son las...seis veinte - respondió
-Creí que era más tarde - dije mientras la observaba quitarse el poleron y sacarse los jeans.
-También yo - dijo dejándose caer a mi lado sobre la cama.
-¿No saldrás hoy? - Pregunté
-No... no es bueno eso de salir de parranda todos los días... Hoy quiero estar aquí aprovechando que te quedarás, así podemos hablar hasta tarde, escuchar música, que se yo... algo más relajado. - Contestó y se acomodó bajo las escasas frazadas, yo me paré y gateé hasta los pies de la cama, para despojarme de mis ropas quedando al igual que ella en ropa interior sin mayor vestimenta que la polera que había usado durante el día. Volví a la cama y me acosté a su lado sintiendo enseguida el calor de su cuerpo, me metí bajo las frazadas y me acomodé de lado para quedar justo frente a frente.
-Te ves cansada - comenté al observar sus ojos rodeados por unas grandes ojeras.
-No dormí muy bien anoche, me tenías preocupada... a ratos te quejabas mucho - dijo con voz dulce mirándome directo a los ojos.
-Lo siento... y respecto a lo sucedido en el local, no quise meterte en problemas, es solo que no soporté que esas tipas dijeran tanta estupidez y... - Alcancé a decir cuando el suave rose de una de sus manos sobre mi mejilla me hizo guardar silencio y ella se abrió paso para hablar.
-Si toda la gente razonara como lo haces tu, este mundo sería hermoso... pero lamentablemente no es así, y no te disculpes, por que entiendo perfectamente tu reacción, pero a veces es mejor morderse toda esa rabia y disfrutar internamente al saber que eres tu quien tiene la razón, no debiste hacerles caso... ellas ven todo con maldad... - dijo dulcemente mientras pasaba una y otra vez su tibia mano por mi cara.
-Lo se... pero de verdad lo lamento, prometo que no volverá a pasar - dije de forma levemente desesperada esperando que creyera en mi promesa. Ella solo sonrió y asintió dejándome saber que me creía.
Ella siempre era tan distinta cuando estábamos ahí, en su habitación, rodeadas del silencio...Siempre era tan cariñosa, todo lo contrario a como solía ser cuando caminábamos por la calle. Yo disfrutaba sus caricias y sus palabras el poco tiempo que podía tenerlas, pero a la vez sentía un poco de miedo al pensar en que la situación se nos fuese de las manos.
Desperté de mis pensamientos cuando dejé de sentir la calidez que su mano le otorgaba a mi mejilla y me di cuenta de que aún me observaba.
Continuará
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