-¿Es que acaso jamás te cansas? – Se oyó una voz desde la
puerta principal.
-¿A qué te refieres exactamente? Sabes que suelo ser muy
perseverante – Contestó alguien desde uno de los sofás de la sala, de espaldas
a quien acababa de entrar en la habitación. Una mirada lasciva se posó en su
rostro y una sonrisa de medio lado se dejó ver mientras sus dedos chocaban
contra la pequeña mesa de vidrio ante él a un son monótono y bastante molesto,
como si se encontrara impaciente o ansioso por algo.
-Sabes de lo que hablo, no es como si nos conociéramos de
hace días o semanas – Resopló abandonando un abrigo negro sobre de uno de los
sofás vacíos.
-Mi querido Alan – Dejó escapar una risa que pareció sacada
de alguna película de terror – Sabes que tengo formas de conseguir lo que
quiero, este no es el primer intento, tampoco será el último – Se volteó a
observarlo con los ojos plagados de ira y una sonrisa difícil de descifrar se ceñía
en su rostro de lado a lado.
-Sabes que no te temo – Respondió adquiriendo la mirada más
inexpresiva que pudo encontrar, mientras el color azul de sus ojos se
intensificaba con los últimos rayos de sol que se metían a través de las
cortinas.
-Siempre me ha gustado que seas así – Sonrió mientras
seguía con su vista el cuerpo de Alan que se movía por la sala en busca de un
poco de comodidad.
-¿No crees que sería bueno que nos dejáramos de tonterías?
No tengo mucho tiempo Bob, dime que es lo que quieres y ya… No estoy en espera
de otro de tus discursos sobre cuánto tiempo ha pasado y todas esas porquerías,
estoy harto y en este momento solo quiero poder llegar hasta mi cama y
descansar. – Su tono era seguro, incluso mucho más que las veces anteriores,
estaba cansado y el miedo ya no era algo que se diera el lujo de sentir,
después de tanto tiempo Bob era solo un pobre desquiciado bastante obsesivo y
valía destacar lo perseverante que era.
-¿Por qué preguntas que es lo que quiero? Lo sabes
perfectamente, sabes que el problema no va dirigido hacia ti pero eres algo así
como… - Titubeó unos segundos – Eres como mi portal directo hacia lo que
quiero, nadie más que tu podría ayudarme a conseguirlo, dame lo que quiero y
juro que jamás me volverás a ver. – Musitó mientras rebuscaba en sus bolsillos
hasta extraer un cigarrillo y calarlo entre sus labios para luego encenderlo.
-No puedo hacerle eso a mi hermano, deberías dejarlo en paz…
¿No te basta con saber lo mucho que los odia a ti y a toda tu familia? Eso
jamás cambiará, los recuerdos están tan vivos en su mente como lo estás tú o yo
en este preciso momento… - Su vista se desvió hacia el humo que emanaba de los
labios de Bob.
-¿Por qué sigues negándote a algo que es inevitable? Nuestra
unión lo es, ¡date cuenta! El mundo nos guía por el mismo camino – Se puso de
pie – No podrá escapar por el resto de sus días y lo sabes, ambos lo sabemos…
Tú y yo somos el rostro principal de nuestras familias, solo tú y yo podemos
manipular los hilos para que todo sea perfecto. Además hacerlo es la única
opción de que te deshagas de mí, piénsalo. Salió dando un fuerte portazo,
mientras los ojos azules de Alan se clavaban en la puerta, después de todo él
tenía razón… Aquello era inevitable por muchas razones y no tenía caso cuanto
se esforzara por evitarlo terminaría sucediendo y quizás de una forma mucho
peor, le preocupaba su hermano, su familia, pero no veía más alternativas.
***
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