sábado, 25 de octubre de 2014

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El tiempo pasaba lento, rebotando en aquellas cuatro paredes que me resguardaban en tu espera, recuerdos borrosos vinieron hacia mi mente mientras el entorno se volvía cada vez más oscuro denotando la caída de la noche, un sonido de pasos acercándose a la entrada hizo que elevara mi mirada hacia la puerta, la manilla se movió y un sonido chillón y molesto acompañó tu entrada.
Sea como sea, las cosas no estaban sucediendo como me lo esperaba,ni como había imaginado que serían. Simplemente no pude reaccionar, mi espalda pareció estar clavada a la pared impidiéndome todo tipo de movimiento, deseaba abrazarte, lo necesitaba... Pero tu mirada me azotó contra la fría madera a mis espaldas, siempre habías ejercido ese poder sobre mí, luego de unos segundos de observarte me di cuenta de que ni siquiera podía articular una miserable palabra. Tu mirada seguía clavándose en mi, hiriéndome, provocando pequeños temblores en mi interior y aún sabiendo el daño que hacías tus ojos no me abandonaron en ni un solo segundo hasta tomar lugar a mi lado, encendiste un cigarrillo dejándolo descansar a cortos lapsos de tiempo en tu mano izquierda, la luz del día había abandonado el lugar casi por completo y luego de un rato solo me era posible percibir tu rostro cada vez que un auto pasaba por fuera iluminando de forma tenue la habitación.

-Entonces hemos venido aquí a vernos las caras, creí que habías dicho que teníamos cosas de que hablar - Soltó de pronto y su voz llegó como un golpe a mis oídos.

-Sabes muy bien de lo que quiero hablarte - Contesté intentando disimular el temblor ansioso en mi voz.

-Con que no te cansas - Dijo fríamente, mientras la pequeña llama de un encendedor iluminó nuevamente la habitación y preferentemente su rostro al encontrarse tan cerca, un nuevo cigarrillo descansaba en sus labios mientras yo ni siquiera me había percatado en que momento había acabado con el primero.

-No, esta vez es distinto - Tragué saliva de forma dificultosa, intentando hallar dentro de mi un poco de valor, o quizás un poco de amor propio el cual parecía no existir hace mucho en mí.

-¿Ah si? ¿Qué hay de distinto esta vez? - Preguntó. Odiaba el tono despectivo y levemente sarcástico que usaba cuando hablaba conmigo, odiaba saber que no era el mismo tono que utilizaba con el resto y odiaba aún más el saber que ella me odiaba y yo sin embargo; la seguía queriendo.

-Esta vez no he venido a rogar ni a mendigar tu maldito cariño - Me observó, lo supe aún sin poder verla claramente, de seguro le sorprendía el tono con el que eso había escapado de mis labios, porque sinceramente hasta a mí me sorprendía. - Estoy harta de ti y de que pienses que puedes hacer conmigo lo que quieras, estoy harta de tus malditos juegos - Continué.

-Llevaba esperando mucho tiempo poder oír eso, así que por fin me dejarás en paz - Rió mientras algo pareció destruirse en mi pecho.

-Si - Reí de forma lastimera - Al fin dejaré de molestarte... Este momento debía llegar, a veces solo te cansas de que te utilicen...

-Tu sentimentalismo me produce ganas de vomitar - Musitó arrojando al centro de la habitación la colilla del cigarrillo que hace un rato sostenía entre los labios.

-Lo se, podrías intentar cambiar tu libreto a veces... En fin, el objetivo se ha cumplido. - Avancé hasta la puerta - Ah, lo olvidaba...- Dije dándole la espalda - Como desearía que alguna de todas aquellas veces en las que intestaste acabar con tu vida hubiese resultado... Un ser tan despreciable como tu ni siquiera merece vivir, y al parecer tampoco morir. - Salí cerrando la puerta tras de mi, me quedé de pie unos segundos hasta que un sollozo silenciado a la fuerza inundó el interior de la habitación.

El odio se mata con odio.


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