lunes, 19 de octubre de 2015

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Él podía notar las diferencias, pero nunca supo verdaderamente las heridas que sus constantes intentos por dejarme abrían dentro mío... Él no tenía esa capacidad, nunca pudo descifrarme, nunca supo leerme como yo podía hacerlo con él... Nunca supo estar seguro de que me amaba y si raramente lo estaba, no se sentía capáz de cargar con aquel peso a sus espaldas.
El nunca notó ese desgaste, esa pérdida de interés. Nunca notó como el amor se me escapaba en forma de lágrimas y que el único culpable de eso era él...
Sabía que lo amaba, de una forma en la que jamás lo había hecho, lo sabía porque siempre se lo decía y porque me esforcé en hacer que lo sintiera de todas las formas que tuve a mi alcance.
No tenía idea de los vacíos en mi pecho, del dolor que se quedaba y se expandía por todas las veces que dejó a sus miedos pisotear al amor que me tenía.

Sigo esperando a que aprenda a amarme o simplemente a conocerme, sigo esperando que deje de preguntar y descifre mi lejanía por si mismo antes de que sea tarde.

Está tan confiado en que lo amo, y es que de verdad lo hago... Pero el amor no es eterno ni a prueba de balas, sigo intentando saber cuanto más puedo resistir, cuanto tiempo, cuantas palabras, cuánto más podré rogar y humillarme antes de que amarlo se vuelva tan doloroso que ya no pueda soportarlo.


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