domingo, 11 de octubre de 2015

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Por un segundo tuve la sensación de haber regresado en el tiempo,  encontrándome a mi misma en uno de esos tantos sábados soleados en los que te esperé llena de ansias, en la misma silla desde la cual en ese entonces mis pequeñas piernas no alcanzaban el suelo, con mi pequeña nariz deformandose contra el cristal empañado de la ventana y mis grandes y brillantes ojos situados en la esquina de la cual se suponía que aparecerias. Y el sonido agónico del reloj quitándome minuto a minuto las ganas de seguir creyendo que algún día vendrías, el sentir como algo dentro de mi pecho parecía apagarse al mismo tiempo que el sol se escondía para darle paso a la noche y junto a esta las lágrimas y la decepción que después de tanto tiempo ya parecían una horrible costumbre.
Si regreso hasta ahora, me veo a mi, con unos cuantos años más pero con la misma sensación en el pecho, mientras mis ojos al borde del llanto se sitúan en el sol que se esconde, que me mira y pareciera reír de mi, de que aún crea en ti, de que aún piense que vendrás.

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