viernes, 26 de diciembre de 2014

Nunca creer

Siempre albergué dentro de mi aquella envidia poco sana hacia los demás, lo fácil que era todo para aquellas personas que me rodeaban, como la vida los hacía tan felices a ellos y sin embargo yo seguía estancada en el mismo lugar, junto a los mismos pensamientos arrancando realismo hasta por los poros. Sumida en lo que ellos jamás vieron, luchando con los fantasmas que ellos jamás conocieron... Destilando tristeza con cada palabra...
Suponía que nadie merecía conocer toda esa tragedia, nunca nadie me daría la mano para ver a la cara todos aquellos fantasmas que ansiaban fuertemente que mi única salida fuese la muerte. Nadie se merecía pasar por eso, nadie más que yo.

Entonces de alguna forma estúpida comencé a confiar en ti... Te mostré todo lo que había en mi, todo lo que nunca nadie antes vio, te mostré mi vulnerabilidad, las heridas abiertas y sangrantes del pasado, confiando firmemente y por primera vez, en que toda tu eras real, en que no escaparías, no temerías a conocer mis demonios. Pero lo hiciste... Simplemente no entendiste, jamás te hubiera lastimado, ni siquiera ansiaba ser algo demasiado importante para ti. No sé si lo fui o si lo soy... ¿Acaso importa a estas alturas? Jamás te habría hecho daño... Al menos no de la forma en la que tú lo hiciste... Así que no tengas las agallas de decir que me extrañas o que lo he olvidado... No te atrevas ni siquiera poner mi nombre en tus pensamientos.

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