jueves, 12 de junio de 2014

#9


Seguiremos escondiéndonos, escapando del paso del tiempo que nos absorbe sin que lo notemos.

Podríamos correr calle abajo eternamente, siendo perseguidos por la nada; Y es que todo se ha vuelto tan absurdo con el pasar de las horas que nos movemos de forma automática. Estamos avanzando con desesperación hacia la oscuridad de las calles abandonadas, sin importar que será lo que nos espera al final.
Tu mano presiona levemente la mía mientras nos vemos envueltos por la noche que se deja caer como un manto sobre nuestras espaldas.
Tienes miedo, lo sé, puedo notarlo al más mínimo contacto de mi piel con la tuya, los vellos de tus brazos se han erizado al momento en que una fugaz caricia se deslizó por la curva de tu cuello, acompañada de un escalofrío que recorrió tu espalda en toda su extensión. Nos dejamos caer a un costado del asfalto, sobre la tierra fría y húmeda, mi mano aún sostiene la tuya haciéndote saber que sigo aquí, tu respiración agitada colisiona contra mi cuello mientras nos incorporamos al suelo que nos sostiene. Un ruido ensordecedor te hace alejarte de mi, mientras una espesa nube de humo nos nubla la vista, creo ver tu silueta en medio todo el caos y corro hacia ti, te abrazo fuertemente pero te desvaneces entre mis brazos, te disipas perdiendo tu forma y yo... yo solo caigo de rodillas...

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